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By Earl Howard,2014-06-17 23:23
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    ARETI PETROU

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SALOMÓN, N. y CHJEVALIER, M. (1992). Creación y público: para una sociología literaria de los

    siglos de oro. En Historia y Crítica de la Literatura Española. Vol.3/1, 75-86. Barcelona: Crítica.

     Según P. Macherey, las obras de un escritor derivan de una situación y de un sistema. Cuando un autor hace las relaciones del hombre con el mundo y de los hombres entre sí, incluye en sus textos ideas, valores, sentimientos o “formas”. Se trata, entonces, de una “visión del mundo” en relación con una determinada sociedad, la cual el sociólogo de la literatura trata de definir primero.

     Sobre la “visión del mundo”, el sociólogo debe considerarse dos situaciones. Por un lado el autor trabaja de acuerdo con la ideología dominante de su época, y por otro lado, la misma ideología le obstaculiza. Según el postformalista ruso Bajtin, ?los autores son escriptores que confrontan puntos de vista, “voces”, “conciencias”?. Por eso, sería interesante saber el origen social de un autor y su rango en la sociedad.

     En la literatura castellana hasta fines del siglo XVI, se destacan evidentemente dos categorías de autores. En primer lugar, encontramos los escritores aristócratas. Para ellos escribir es una prueba de su vida luja. Marqués de Santillana y Garcilaso de la Vega son típicos ejemplos de esta categoría. En segundo lugar, encontramos los escritores artesanos. Para ellos escribir es una profesión, algo que hacen para ganar dinero para vivir. En esta categoría se incluyen los juglares medievales, los poetas maestros de capilla por los años 1500 y los poetas secretarios ?capellanes? hacia el año 1600.

     En estas dos categorías se podría agregar una tercera para la España del Siglo de Oro. Mediante el desarrollo del teatro se puede encontrar un medio de vida despreciable. Lope de Vega a través de sus comedias, descubre y explaya varias veces que el sociólogo de la literatura está muy interesado en su caso en un país donde la ?propiedad literaria? no queda evidente durante siglos.

     Uno de los problemas que se debe considerar es el del consumo y de la ?lectura? de las obras literarias por el público, que hay en cada época. Para realizar la ?sociología del público? hay que analizar la diversidad de las clases sociales de que se compone. Todavía existen datos como protocolos de notarios de los siglos XVI y XVII, inventarios de bibliotecas y epistolarios inéditos que representan insuficientes informaciones.

     Es necesario, pues, el estudio de la lectura de las obras enfocándose a la semántica histórica. Por este aspecto la ?sociología de la literatura? ayuda a enriquecer la ?historia de las mentalidades? con matices preciosos. En la literatura española hay una abundancia de testimonios que demuestran las diferencias que existen entre los distintos mensajes de una obra.

     Al plantear el problema de la lectura en el siglo de Oro surgen tres preguntas que corresponden a otros tantos fenómenos. El primero es el analfabetismo, el segundo es el precio de los libros que no resultan baratos porque tampoco el papel es barato y el tercero es la falta de interés por la lectura.

     La mayoría de la población española, como los aldeanos y la mayor parte de los artesanos, queda excluida de los lectores de libros por razón del analfabetismo. Al contrario, las categorías de la población que sí se incluyen en los lectores de libros, son el clero, la nobleza, los ?intelectuales?, los mercaderes, parte de los comerciantes y artesanos y los funcionarios y criados de media categoría.

     Los textos del Siglo de Oro afirman que los caballeros no estaban tan interesados en las actividades intelectuales. Los mercaderes no manifiestan gran interés por la literatura de ficción y los clérigos en los libros de entretenimiento. Por otro lado, muchos nobles desde Garcilaso de la Vega hasta el príncipe de Esquilache, protegieron y cultivaron las letras. También la aristocracia demuestra gran interés en las letras y de esta clase procede una gran parte de los lectores de las obras de entretenimiento. Los que también están muy interesados en estos libros son letrados y en su mayoría caballeros e hidalgos.

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