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Mis valedores

By Peggy Fisher,2014-12-29 14:32
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Mis valedores

    MIS VALEDORES!

    AL PODER POPULAR

    Tomás Mojarro

    ESCANEADO: Akisuki_Nakuru

    Indice:

    Prólogo

    Cap. 1: Las trampas verbales son trampas mortales Cap. 2: Todo en mí era pecado

    Cap. 3: Una metodología para el análisis político Cap. 4: Milagro: unas monjas desbalagadas me salvaron Cap. 5: El movimiento del 68: ?victoria o derrota? Cap. 6: Con permiso, voy a romperme la mano

    Cap. 7: La invisible cooptación

    Cap. 8: Donde hay hombres, no mueren hombres Cap. 9: Las elecciones de 1988

    Cap. 10: Lloré al ver que Rulfo era maltratado por su familia Cap. 11: La descomposición del sistema político mexicano Cap. 12: Entonces era yo un seminarista sin Baudelaire, sin rima y

    sin olfato

    Cap. 13: El Ejército Zapatista de Liberación Nacional: yerros y

    virtudes

    Cap. 14: ?Qué carambas estoy haciendo aquí? (En radio UNAM) Cap. 15: Los partidos políticos mexicanos

    Cap. 16: Me absorvió el periodismo, dejé la literatura Cap. 17: México-Estados Unidos, relaciones perversas Cap. 18: Soy el Valedor

    Cap. 19: Análisis de las elecciones de 1997

    Cap. 20: Alcohol y disciplina no combinan

    Cap. 21: Organización celular: cambio pacífico, última oportunidad Cap. 22: Vencer el tiempo

    Cap. 23: Memoria del porvenir

    Cap. 24: Mi compromiso con la vida

    Prólogo

    "Podemos avanzar pacíficamente. El mío es el último llamado al paisanaje para que, sin las armas, vayamos al cambio", asevera Tomás Mojarro, el Valedor. Más allá de la

    polémica y el debate enérgico como él acostumbra, en este libro también nos muestra el rostro de un hombre sensible, dedicado veinticuatro horas diarias al periodismo, al análisis de la realidad mexicana y al quehacer político; Tomás es un activista, en el más puro sentido de la palabra, obsesionado por la transformación social.

    A lo largo de esta entrevista, el Valedor va tejiendo sus pensamientos con trozos de existencia, sangre derramada y carne que se exponen vivas al rigor del sol; vida que fue marcada por la extrema pobreza y el hambre de la infancia, la severidad del cilicio religioso, el ejercicio literario (es un exce-lente narrador, Alejo Carpentier dijo de uno de sus libros, Bramadero, que vio en éste de nueva cuenta el concepto de epopeya), la disciplina en el trabajo y el compromiso social. Recuerda con tristeza, aunque sin resentimiento, la vez que definió su camino: "Recibí una educación medieval... Nunca tuve una caricia... y luego en el Seminario de Querétaro me dijeron: tú vas a ser escritor, un escritor muy enamoradizo, como ya lo eres aquí. No tienes vocación de sacerdote".

    Resulta acertado aquello que dice Albert Camus en ese libro magistral titulado La peste: "Todas las desgracias de los

    hombres provienen de no hablar claro". Y aquí en México no se habla claro, entre otras cosas, porque no se piensa claro. La vieja costumbre de delegar en otros nuestro destino nos ha llevado también a delegar la palabra y el pensamiento. Esto último es patético, se desprecia "razón y ciencia", las

    supremas fuerzas en que descansa el poder del hombre (nos dice Goethe en el Fausto) y el Mefistófeles priísta brinca y

    baila de contento.

    Aquí conviene hacer una acotación. Esta proclividad a delegar no es resultado de una acusada pereza mental del mexicano, como señalaría en sus laberintos cualquier psicó-logo de banqueta; es el resultado de una táctica empleada con notable éxito, por parte del sistema, contra nosotros. En la guerra (y ésta es una guerra) para derrotar al enemigo no sólo se trata de organizar muy bien las propias fuerzas, sino de desorganizar al enemigo para poderlo destruir, y después de su derrota la tarea consistirá en impedirle que se vuelva a organizar. Esto es clave. El sistema mexicano, "el enemigo histórico" como le llama Mojarro, ha sido diestro en esta tarea: durante 70 años ha cooptado, cometido crímenes y

    desbaratado todo intento de organización independiente en sindicatos, escuelas, asociaciones profesionales, patronales, militares, clericales... Quienes vivieron el terremoto de 1985, en la ciudad de México, deben tener muy cercano un recuerdo: Esa vez, la principal preocupación del gobierno no fueron las víctimas, sino obstaculizar y descomponer la organización civil que ya se había creado espontáneamente.

    Los resultados están a la vista: la destrucción de un país, la pobreza extrema, la ignorancia, el abandono de la dignidad ante la aplicación de un programa económico de muerte (neoliberalismo le llaman algunos), sistema que no es inhumano sino antihumano. Por eso, Mojarro nos advierte y

    se exalta; usa vocablos recios, que parecen piedras que en sus vetas llevaran esos tonos ásperos y brillantes de su tierra Zacatecas, la del sol candente y luengos yermos. No hay que delegar, nos explica, pero tampoco debemos caer en las trampas verbales que nos tiende en todo camino, en toda circunstancia y momento el sistema. Y las palabras se agitan y son lanzadas en todas direcciones: democracia, libertad, justicia, transición, solidaridad; voces que pueden encerrar millones de anhelos, se convierten por obra y gracia del

    sistema en el bocado podrido, en el pan con veneno.

    Hay distintos niveles de acercamiento a la realidad, de análisis de los problemas. Es como situarse a distintas alturas en una gran montaña (visión topológica le llaman los enterados): Hay analistas situados en los niveles más bajos que tienen un horizonte limitado; otros, más arriba, ven un tanto más; pocos, como Tomás Mojarro, se colocan más alto y nos ofrecen una visión distinta, ven cosas que el común no alcanzamos a detectar. Uno de los méritos más grandes de Mojarro es que luego de mirar desde ese nivel nos habla con franqueza, nos habla claro (insisto en las palabras de Camus) y al hacerla provoca no pocos roces, urticarias y hasta úlceras. Ni modo, la verdad no peca, pero...

    Entonces el Valedor (vocablo que significa "el que auxilia, el que nos echa la mano") toma la palabra y nos advierte casi a gritos que por allá no es el camino, que de ese modo sólo iremos a administrar fracasos. Somos infalibles, responden los "aturdidos". Cierto... pero en el error. Democracia es una de las grandes trampas verbales, como el vocablo justicia. Empero, no sólo son los conceptos sino los métodos de lucha, las tácticas, lo que hay que revisar: la marcha, el mitin, el plantón, los que a fuerza de repetirse y repetirse, se han gastado y frente a los cuales el sistema tiene ya sus antídotos. Para su método de análisis Mojarro rescata el concepto de enemigo histórico, al que no se le puede pedir que se vuelva bueno y resuelva nuestros problemas. El sistema no tiene vocación de suicida _afirma_, "el tigre o el cacomixtle nunca se volverán vegetarianos" aunque del norte les manden aparentar que sean democráticos. Mojarro remarca que nunca se debe perder de vista en nuestro análisis el Movimiento de 1968. Por ejemplo, para él 68 no es sinónimo de 2 de octubre, no es una derrota, sino una victoria. Por eso ahora que se cumplen 30 años del movimiento, rescata como herencia la Organización Celular (o como quiera que se le llame, aclara) basada sobre todo en la experiencia de las brigadas estudiantiles de aquel año. No hay que insistir en formas de

    organización perfectamente obsoletas porque ya tienen dispuesto el antídoto, hay que hacer el cambio por medio de una organización basada en células autogestivas, que adquieren forma y contenido programático; que funcione cada una según su situación concreta, de acuerdo con su necesidad sentida. Todo ello basado, principalmente, en la demanda, no

    en la oferta de soluciones como es común observar en otras organizaciones y partidos políticos.

    Luego nos señala los errores comunes a los partidos de oposición ya los movimientos sociales que, frecuentemente, caen en recurrir al expediente fácil del catálogo de agravios y

    el catálogo de buenas intenciones. Por eso Mojarro hace

    señalamientos severos al principal partido de oposición, al Partido de la Revolución Democrática. Naturalmente que hay una explicación porque Mojarro no está del otro lado de la trinchera, sino de éste. Hay una razón de ser, no se trata de sumarse a la burda campaña del gobierno contra el perredismo. Asevera Mojarro: a los otros partidos no hay nada que señalarles o criticarles, son el enemigo, y a éste no

    se le pide que rectifique, se le imponen los cambios. Por lo

    contrario, a los aliados sí se les critica porque pueden enmendar el rumbo. Aquí Mojarro hace un alto en su análisis y aclara: "Debo hacer un paréntesis, cuando diga PRD hablo

    de la cúpula; la base social perredista es algo completamente distinto y en cierto modo antagónica respecto de aquella".

    Un error gravísimo sería que los perredistas se cerraran a estos señalamientos críticos que, obviamente, tienen bases firmes.

    Por lo demás, su periodismo no es sólo un verbalizar cotidiano, sino que se atreve a transitar ese puente colgante y peligroso que va del discurso a la acción: “Aquí difiero radicalmente de todos los demás (precisa): yo no le digo a la gente ?exijan! ?Cómo exigirle al enemigo histórico que nos beneficie? Yo les digo: Vamos a organizarnos. Porque todos -incluyendo Marcos- terminan sus proclamas con el verbo

abyecto que sintetiza lo que es la cultura amo-esclavo: exigir".

    El Valedor (Jalpa, Zacatecas, 1932) tiene una larga tradi-ción como periodista en publicaciones mexicanas: Siempre!,

    Ciencia y Desarrollo, Punto y Aparte, Ovaciones y Unomásuno.

    En Televisión condujo durante mucho tiempo el programa Trizas en Trazos que era transmitido por Canal 11. Su activi-dad radiofónica es vasta; en Radio UNAM dirigió y condujo los programas: La noticia en sus fuentes, Palabras sin reposo, Paliques y cabeceas, Pensamiento e ideas de hoy.

    Actualmente también dirige y conduce Domingo siete,

    programa con una añeja tradición radiofónica que se transmite por esa misma estación y que tiene una audiencia amplia, compuesta sobre todo por público universitario y sectores populares. A últimas fechas conduce un programa en la XEQ que se trasmite por las mañanas y que tiene gran cantidad de público.

    En su fase literaria, Mojarro es autor de Cañón de Juchi-

    pila (1960), Bramadero (1962), Malafortuna (1966), Tomás

    Mojarro (autobiografía, 1966), Trasterra (1973) y Yo el Vale-

    dor y el Jerásimo (1986).

    Actualmente, su trabajo en los medios no se limita al análisis político, sino que está impulsando con éxito un tipo de organización civil llamada Organización Celular. Sus "celulistas" ya se cuentan por millares y realizan trabajos de acopio de víveres, libros, ropa, para auxiliar a comunidades marginadas. También encabezan movimientos reivindicatorios en colonias de distintas ciudades del país. Asimismo, el Vale-dor imparte talleres de lectura gratuitos: tres a la semana.

    En este libro, que se estructura como una larga entrevista, hemos optado por dejar los capítulos impares destinados a la parte política y periodística; y los pares están dedicados a la vida de Tomás Mojarro. Este texto es, pues, el pensamiento y la biografía de un comunicador que se ha convertido en obligado punto de referencia en los medios electrónicos y en el quehacer político.

    Para el autor de Cañón de Juchipila hay una palabra que

    define su carácter y que toma prestada del arte de forjar metales: el temple. Dice estar orgulloso de ser así y de su labor. Sólo una sombra lo perturba: el olvido. Por eso mismo, este prólogo sólo puede cerrarse con una exhortación a la remembranza; porque como escribió Elena Garra en Los

    recuerdos del porvenir: "Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga".

    RICARDO PACHECO COLÍN

    1

    Las trampas verbales son trampas

    mortales

    La democracia, trampa verbal

    RICARDO PACHECO (RP): Podemos empezar esta

    travesía con una interrogante que implica dos preguntas: a raíz de la caída del "socialismo real", la democracia se promueve insistentemente como discurso alternativo frente a los movimientos revolucionarios. Dentro de su concepción -ésta es la primera pregunta-, para el caso de México ?no estaríamos frente a una de esas "trampas verbales" que nos ponen los hombres del poder? Segunda pregunta: ?considera usted que la democracia es el mejor sistema político?

    TOMÁS MOJARRO (TM): No es que la democracia sea el mejor sistema, sino el menos malo y el que mejor ha propi-ciado la convivencia de una comunidad dada. Se habla de la democracia como nacida en la Grecia antigua y se toma nada más como referencia, porque en esa época ya era defectuoso este sistema democrático: no podían votar los metecos, o sea los forasteros, ni las mujeres ni los esclavos. Era una democracia propia de ese momento y de ese país. Después cada nación ha tenido una democracia adaptada a su manera.

    En México, la palabra democracia es una de las grandes trampas verbales, como el vocablo justicia, derechos huma-nos y otros; la palabra democracia no tiene cabida en absoluto. Hay que analizar nuestra historia y ver que, por

    ejemplo, un sistema presidencialista y la democracia no se llevan, son agua y aceite. La Carta Magna que rige este país está hecha a la medida del presidencialismo. De tal manera que hablar en México de democracia es una enorme trampa verbal. En este país, lo dije yo una vez, no se mueve la hoja del árbol político sin la voluntad presidencial. No sólo en los hechos, sino también en la mentalidad, en la cultura del mexicano; el presidencialismo es lo que rige el país y, por supuesto, no la democracia. Entonces, hay lo que se llama una autocracia.

    Mire usted, el último año del anterior gobierno -el de Salinas-, en seis meses este presidente recibió cerca de tres millones de cartas, de las cuales la mayor parte eran súplicas para arreglar alguna necesidad. Realmente es el presiden-cialismo el que gobierna este país, la cultura es la del presidencialismo. La Carta Magna de los constituyentes de 1917 fue hecha para continuar con ese gobierno de un solo hombre que fue el de Partiría Díaz. Así que, en México, no cabe la palabra democracia.

    Se menciona que el 6 de julio de 1997 se dio un avance hacia la democracia, pero el Instituto Federal Electoral -que se dijo era el instrumento de la "ciudadanización" (horrible palabra)- era prácticamente el mismo organismo que propició el fraude de 1988. Confirman los especialistas, los estudiosos, que estaba reformado hasta en 2%. El padrón electoral, que propició que el actual presidente acopiara hasta 17 millones 300 mil votos, es un instrumento que fue tramado a lo largo del sexenio del anterior presidente, después de que él solamente acopiara seis millones de votos. El "milagro" es que un sistema caído completamente en el descrédito, que se degenera a diario, haya incrementado el número de votos hasta más del doble. Éste es el milagro de un padrón electoral hecho a la medida, para que el partido de Estado, el partido del gobierno (Salinas decía que era partido en el gobierno) triunfara. Ése es el origen de los millones de votos que logró el actual presidente del país.

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