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Antonio Botana, fsc

By Brent Andrews,2014-12-17 19:54
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Antonio Botana, fsc

    “Raíces de nuestra identidad”.

    Antonio Botana

    Antonio Botana, fsc

    RAÍCES

    DE NUESTRA IDENTIDAD

    “...Porque este espíritu

    es el que debe animar

    todas sus obras

    y ser el móvil

    de toda su conducta”

    (San Juan Bta. de La Salle)

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Relación de SIGLAS utilizadas

De los escritos de La Salle:

CVT Colección de varios trataditos.

    DC1 Deberes del Cristiano, I.

    DC3 Deberes del Cristiano, III. Del culto exterior y público. EM Explicación del método de oración.

    I Instrucciones y Oraciones para la santa Misa, la confesión y la comunión.

    MD Meditaciones para los Domingos.

    MF Meditaciones para las Fiestas.

    MR Meditaciones para el tiempo del Retiro.

    RC Reglas Comunes, 1718.

    RI Reglas que me he impuesto.

    RU Reglas de cortesía y urbanidad cristianas.

De otros documentos:

    AEP ANUNCIAR EL EVANGELIO A LOS POBRES, de M. Campos y M. Sauvage, F.S.C. Ed.

    Bruño, Lima 1980.

    CL CAHIERS LASALLIENS (Ediciones críticas y estudios de los escritos de Juan Bautista

    de La Salle y de los orígenes del Instituto). CyL CATEQUESIS Y LAICADO, de Michel Sauvage, F.S.C. Colección Sínite, ed. San Pío X.

    Salamanca 1963.

    D: DECLARACIÓN SOBRE EL HERMANO DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS EN EL MUNDO

    ACTUAL, 1967.

    R-1987 REGLA DE LOS HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS, 1987.

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PRÓLOGO

     Raíces e Identidad

     ALo que somos ante nosotros mismos y ante los demás@, eso es la identidad. Es un concepto

    relacional, que sitúa a la persona en el tiempo, en el lugar, en la sociedad concreta,... y le permite reconocerse y ser reconocida.

    En ella hay aspectos que van cambiando con el tiempo, con las experiencias vitales, y también en relación a su entorno. Por ejemplo, una persona a los 20 años no se ve igual que a los 40 ó 70; pero tampoco será lo mismo si vive sola o en familia, y si dentro de ésta tiene un papel filial o paterno/materno, o si participa en un grupo con una fuerte cohesión interna; y si está integrada y valorada en la sociedad o, por el contrario, vive marginada... Consciente o inconscientemente, la persona necesitará reformular su identidad muchas veces a lo largo de la vida.

    Pero al mismo tiempo la identidad requiere una continuidad que permita a la persona

    reconocerse ella misma a través del tiempo y de las diferentes circunstancias y situaciones sociales. El sentimiento de ser Ayo mismo@ es tanto más fuerte cuanto más arraigadas

    estén las raíces que me religan a la historia personal y social.

     Nuestra identidad lasaliana no es algo abstracto o impersonal. ASe ve@, toma cuerpo en

    las personas que nos decimos lasalianas, y cambia con nosotros. Por de pronto, no es la

    misma identidad lasaliana la del Hermano y la del seglar, por más que haya muchos elementos comunes. Y cuando el seglar ha entrado a compartir la misión con el Hermano, éste se ha visto obligado a clarificar y reformular su propia identidad.

    Y en cada uno la identidad lasaliana adquiere un tinte diferente, como ya reconocía la Declaración del Hermano en el mundo actual (1966), aun sin utilizar el término identidad:

    ACierto laudable intento de unidad no debe empeñarse en definir el tipo

    inmutable y universal de Hermano, al que todos habrían de acomodarse. Pues,

    tanto en consonancia con los elementos constitutivos, heredados del Fundador,

    como por los signos de los tiempos, interpela Dios de modo diferente a cada

    Hermano, y le invita a dar la respuesta personal, que resulte adaptada a las

    necesidades del mundo actual.@ (D 14,3).

    “Los signos de los tiempos”: más que una invitación son un desafío constante a

    reformular nuestra identidad ante una sociedad que se estructura cada vez más desde el criterio de la pertenencia a múltiples niveles, y donde el cambio se ha instalado como factor definitorio; pero también en una Iglesia que recupera su naturaleza original -“comunión de

    comunidades”-, que llama a todos sus componentes a construirla desde los diferentes ministerios y carismas, y donde el seglar adquiere el papel protagonista que le corresponde, en paridad con las otras vocaciones cristianas.

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    Si podemos hablar de una identidad lasaliana común es porque, a pesar de las diferencias, hay una continuidad en el tiempo y en las personas, de elementos comunes que

    vienen de antaño, aunque se vivan de diferente forma.. Nos Areconocemos@ gracias a las

    raíces comunes.

    )Raíces? )Cómo podemos reconocernos en Alo que no se ve@, pues está bajo tierra?

    Es que no hablamos de restos fósiles, sino de raíces que tienen vida y producen savia.

     Nuestra fidelidad a la raíz nos asegura la savia que corre por nuestras venas y que nos permite entrar en sintonía unos con otros. Tenemos un estilo semejante de situarnos en la vida, una parecida sensibilidad ante las llamadas de Dios y los signos de los tiempos, y nos encontramos también en la búsqueda de respuestas.

    La fidelidad a la raíz, lejos de conducirnos a la inercia o a la repetición de fórmulas pasadas, estimula en nosotros la creatividad.

    AA cada uno le incumbe, como respuesta a la llamada incesante del Espíritu,

    poner a contribución todos sus recursos para corresponder a su vocación personal.

    La formación profunda es siempre ejercicio ascético: será necesario revisar con

    frecuencia los propios puntos de vista, dirigir la mirada hacia perspectivas aún

    nuevas, no instalarse nunca en la tranquila posesión de determinadas técnicas.

    Sólo a ese precio podrá ser auténtica la irradiación en lo educativo y en lo

    espiritual.@ (D 15,2)

    Fidelidad y creatividad serán las dos condiciones esenciales para que nuestra identidad lasaliana se mantenga viva y con capacidad de regenerarse. El secreto está en las raíces. Pero, )dónde podemos encontrarlas?

    ? en la experiencia de vida del itinerario lasaliano;

    ? en el dinamismo que impulsa el proyecto lasaliano;

    ? en el espíritu que da sentido al itinerario y al proyecto.

    Experiencia de vida, dinamismo, espíritu, no son reductibles a anécdotas, estructuras y

    fórmulas de espiritualidad, aunque puedan percibirse a través de ellas (y no siempre). De hecho, se resisten a cualquier intento de esquematización o de descripción objetiva. Cada vez que queremos expresarlas, simplemente realizamos una aproximación.

     Pues bien, una aproximación a las raíces de nuestra identidad lasaliana, eso es lo que

    encontraremos en las páginas que siguen, Cada uno habrá de leerlas Adesde dentro@,

    como el árbol que sufre un estremecimiento en sus raíces y toma conciencia de que están ahí. Cada uno habrá de Aleerse@ a sí mismo en ellas, y desde ellas leer los signos de los tiempos, los gritos de los jóvenes y sus propios deseos y temores. Pero la aproximación será mayor cuanto más se haga en grupo, dialogando y dejándose confrontar por quienes se atribuyen las mismas raíces; a través de todos se manifestará mejor el Espíritu.

    AEl carisma del Fundador se relaciona con las instituciones mediante las personas.

    San Juan Bautista de la Salle fundó desde el principio una comunidad viviente de

    Hermanos, a los que hizo partícipes de su ideal apostólico; éstos, a su vez, lo

    transmitieron a otros hombres. La fidelidad a las intenciones específicas del

    Fundador y a la historia del Instituto se confió, pues, a hombres dotados de vida, a

    todos nosotros; y, precisamente en cuanto tales, debemos continuar buscando y 1reflexionando.@ (D 7,1)

     1 El punto de partida de esta reflexión se encuentra en las conferencias dadas por los HH. Michel Sauvage y Miguel Campos en la S.I.E.L. (Sesión Internacional de Estudios Lasalianos), Roma, los meses de enero y febrero de 1989, sobre “Los dinamismos espirituales de la Comunidad Lasaliana de los orígenes”.

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    CLAVES

    1. Juan Bautista de La Salle: la persona y su carisma

    2. Un proyecto que se va haciendo historia

3. Un espíritu que da vida

? Un marco para la lectura.

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El dedo de Juan Bautista de La Salle, ?a dónde señala?

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    1

    Juan Bautista de La Salle:

    La persona y su carisma

El dedo de Juan Bautista de La Salle

     Es sugestivo aquel proverbio chino: "Cuando el sabio señala la luna, el necio mira al

    dedo". El asunto se agudiza cuando, más que un sabio, es un profeta: Cuando el profeta señala la luna, con frecuencia ni él mismo ve la luna, porque la tapan las nubes; pero él sabe que está allá; nosotros, en cambio, no acertamos a mirar más allá del dedo, y perdemos el tiempo disertando sobre la apariencia del dedo...

     Fijémonos en ciertas esculturas de La Salle, como la reproducida más arriba (Basílica de San Pedro del Vaticano): )A dónde señala La Salle? )A dónde nos hace mirar?

     "No mirar nada sino con los ojos de la fe;

     no hacer nada sino con la mira puesta en Dios;

     atribuirlo todo a Dios." (Regla-1718, 2,2)

    Esta frase es la esencia del espíritu de fe, según lo entiende La Salle. Y expresa el dinamismo que él encarnó en su vida. Podríamos llamarlo "el dinamismo de la mirada", que

    consiste en "tener a Dios como fin y aspirar hacia Él".

El dinamismo de la mirada

     Al ver la "imagen" de La Salle (su persona, sus escritos, su obra), podemos quedarnos en una visión estática y dedicarnos a hacer arqueología, con un recuerdo nostálgico o inclu-so triunfalista: "(Hay que ver lo que ha sido La Salle!". Pero eso no conduce a nada que merezca la pena.

    En cambio, una visión dinámica -siguiendo "el dinamismo de la mirada"- nos lleva siempre a lo esencial del cristianismo, a donde apunta La Salle.

     La principal y definitiva lección que nos da La Salle es ésta: lo importante, lo único im-

    portante, es hacer la Obra de Dios. Como maestro, como profeta, nos señala lo que ha de ser el centro de nuestra vida: llevar a cabo la obra de Dios. Si La Salle aparece hoy como

    maestro para nosotros, es porque con toda su vida está señalando a la Obra de Dios, a esa misma obra en la que nosotros estamos empleados:

    "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio

    que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan es porque dan

    testimonio." (Pablo VI, Evangelii Nuntiandi 41).

    No se presenta ante nosotros como un modelo al que debemos imitar por sí mismo: él no es lo importante. Si es "modelo", lo es en el sentido de que encarna ciertas actitudes fundamentales que pueden ser también nuestras, si descubrimos que tampoco nosotros somos "lo importante", sino la Obra que Dios nos ha encomendado.

    "Lo imitan en su confianza ilimitada en Dios, en su fidelidad a la Iglesia, en el sentido

    apostólico creativo, y en su entrega generosa y desinteresada a la evangelización de

    la juventud." (Regla fsc, 149)

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     En el corazón de su proyecto de vida, La Salle sitúa esta finalidad a modo de "opción

    fundamental" desde la que da unidad a todo su quehacer, a todas sus responsabilidades, incluso a su santificación y salvación personal: cumplir la obra de Dios, considerarse un instrumento que sólo actúa por voluntad del operario:

    "Miraré siempre el trabajo por mi salvación y el establecimiento y guía

    de nuestra Comunidad como la obra de Dios: por eso dejaré en sus manos

    el cuidado de la misma, a fin de no hacer lo que me corresponde en su

    seno, sino por orden suya; y le consultaré mucho respecto de lo que deba

    hacer en uno como en otro terreno; y le diré a menudo estas palabras del

    profeta Habacuc: 'Señor, tu obra'.

    Debo considerarme como un instrumento, inútil a no ser en manos del 2operario; por tanto, debo esperar las órdenes de la Providencia para

    actuar, pero sin dejarlas pasar cuando las haya conocido"

    (>Reglas que me he impuesto= 8-9).

Interpretar la realidad - Descubrir su sentido

     La Salle nos enseña a interpretar la realidad desde el lugar donde Dios nos ha situado; nos ayuda a descubrirla como 'historia de salvación', en la que nosotros somos protagonistas. Nos enseña que, lo sepamos o no, estamos participando en la obra de Dios.

    Esa obra, nos dice La Salle, puede llenar de sentido nuestra vida.

    Pero, entre La Salle y nosotros, hay trescientos años que nos separan. Necesitamos acercarnos a él, porque en él están nuestras raíces. Sin embargo, su vida, sus escritos, permanecerán extraños a nosotros si no acertamos con la clave que permite el acceso a ellos.

     El estudio científico de la personalidad y de los escritos de La Salle tiene aún pocos años: no más de 40. Hasta hace poco, incluso para los Hermanos, La Salle se presentaba casi exclusivamente con la imagen austera y penitente de un santo muy exigente consigo mismo y con sus discípulos. Así lo vemos en sus primeros biógrafos: Blain, Maillefer, Bernard, siguiendo la corriente hagiográfica de la época. Y al leer estas biografías sin tener en cuenta el género literario, quedaban muy resaltadas determinadas facetas que parecían interesantes en los siglos XVII y XVIII, como la mortificación, la penitencia,... y se oscurecían otras quizá más importantes.

    Algo parecido ha ocurrido con los escritos de La Salle: se han realzado determinados pasajes, predominantemente ascéticos, y se han dejado en la penumbra otros muy importantes... Ha faltado un estudio científico y comparativo entre lo que La Salle ha escrito (toda su obra), lo que él ha creado, lo que ha vivido... Es decir, han faltado las claves 3apropiadas para su interpretación.

     2 La "Providencia" es expresión frecuente en La Salle para referirse al Dios que actúa en la historia y se manifiesta a través de los acontecimientos históricos, el que tiene siempre la primera iniciativa, el que "conduce todas las cosas con sabiduría y suavidad" (MC), el que "se desvela en el cuidado de los hombres"

    (MR 193,2), el que "nos ha escogido para realizar su obra" (MR 196,1): "las almas de los niños que instruís son

    el campo que El cultiva por medio de vosotros" (MR 205,1). No tiene nada que ver, por tanto, con un Dios "tapa-agujeros" o "resuélvelo-todo", ni reemplaza a los hombres en su responsabilidad. 3 Desde que el P. Rayez, jesuita, experto en la espiritualidad de la Escuela Francesa, denunciara en el año 1952 el arrinconamiento en que se tenía la figura de Juan Bta. de La Salle, mucho se ha avanzado en su recuperación por parte del Instituto Lasaliano. A ella han contribuido la colección de Cahiers Lasalliens (más de

    50 volúmenes editados) dirigida por el H. Maurice Hermans, las investigaciones de los HH. Yves Poutet y León Mª Aroz (recogidas en CL), estudios de calidad como el del H. Miguel Campos (Itinerario Evangélico de San

    Juan Bautista de La Salle), propuestas de síntesis de la espiritualidad lasaliana como la de los HH. M. Campos y M. Sauvage (Anunciar el Evangelio a los pobres), biografías científicas como la del H. Saturnino Gallego (en

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     Hoy, los Hermanos estamos redescubriendo a nuestro Fundador. Y caemos en la cuenta de sus riquezas humanas (su ternura y sentido práctico, por ejemplo), la calidad y profundidad de su vida evangélica, el valor universal de su espiritualidad. Estamos sorprendidos de lo que teníamos "en casa", a nuestro alcance, sin apenas conocerlo. Y ahora que lo valoramos nos sentimos obligados a compartirlo, en la seguridad de que otros muchos pueden resultar beneficiados de esta riqueza.

Tres claves para >decodificar=

    Lo que hoy podemos conocer de La Salle se encuentra en la confluencia de tres dimen-siones. O, si se prefiere, para tener acceso al tesoro que La Salle representa para nosotros hoy, necesitamos conocer tres claves, en las cuales están "codificados" sus escritos y su

    obra en general: cultura, experiencia y carisma. Sin tener en cuenta ese código no será

    posible descubrir el contenido del cofre. Puede ser, incluso, que nos decidamos a tirar el cofre porque lo encontramos herrumbroso, empolvado...

    Cada una de esas claves corresponde a un perfil de su persona, y tendrá su expresión a través de sus escritos, con lo que supone de aportación y de dificultad para poder comprenderlo. Veremos a La Salle como "hombre de su tiempo", como "hombre de fe" y

    como "Fundador".

     "Persuadidos de que el Espíritu Santo se manifestó de manera particular

    en la vida, la obra y los escritos de san Juan Bautista de La Salle, su Padre,

    y luego en la tradición viva de su Instituto, los Hermanos beben en estas

    fuentes el principio inspirador de su misión y de su proceder. Por eso

    mismo se esfuerzan en profundizar más su conocimiento del Fundador y

    de la historia del Instituto". (Reglas fsc, 4)

     1. El hombre de su tiempo

    Este primer "perfil" nos presenta al hombre que supo encarnarse y dar respuesta a los retos culturales de su tiempo. Esta es la primera lección de La Salle. Nos interpela sobre nuestra propia inculturización.

    ( )Cómo aprovechamos, por ejemplo, con ojos receptivos y críticos al mismo tiempo,

    las aportaciones pedagógicas que están apareciendo hoy en el campo

    educativo? )Cómo actualizamos nuestros conocimientos en cada una de las ramas del

    saber que más nos implican, y de manera específica en el campo religioso, bíblico,

    teológico?

En cuanto pedagogo y renovador de la escuela primaria:

    La Salle se aprovecha de una corriente de interés por la escuela que en esos momentos sopla fuerte en Francia, a través de hombres como san Pedro Fourier, Nicolás Roland, 4Carlos Démia, el P. Barré, o los escritos de Vives, Comenius, y "L'école Paroissiale".

    La "Guía de las Escuelas" lasaliana refleja las adquisiciones de los anteriores nombres, pero se sale de los moldes al plantear una revolución a fondo de la escuela, sin miedo a cambiar lo que haga falta para provecho del niño.

    BAC Maior), tesis doctorales sobre aspectos concretos de la obra escrita de La Salle (especialmente en el campo español, como la del H. Luis Varela, Biblia y espiritualidad en San Juan Bautista de La Salle, Colección Sinite,

    Ed. San Pío X, Salamanca 1966); y, muy recientemente, los Temas Lasalianos (3 volúmenes). 4 Cf CyL 31-34; SG, t. II , 14-17.

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