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Un acercamiento a Antonio Gramsci

By Calvin Riley,2014-08-11 22:03
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Un acercamiento a Antonio Gramsci

     SINTESIS...GRAMSCI, MARXISMO, SOCIALISMO

El siglo XXI debe ser, para los intelectuales revolucionarios (ver nota al final), el siglo

    de Antonio Gramsci. Con esto no quiero decir que el futuro de la emancipación humana dependa de adorar al pequeño-gran pensador, repitiendo partes mutiladas de sus obras como si fueran rompecabezas e incluirlo en el panteón del pensamiento revolucionario junto a Marx, Engels y Lenin y alguno más, y colocando su cara en las banderas. No se trata de esto; se trata de todo lo contrario.

    El pensamiento de Antonio Gramsci se basó fundamentalmente en el lugar del cual el marxismo nunca debió salir: la realidad. No es relevante lo que Marx o Lenin dijeran

    sobre esto o lo otro, no se trata de tener exegetas de los textos "proféticos" que desentrañen el mensaje casi-evangélico de los "padres de la fe", sino de recuperar la tarea esencial que señalaba Marx en la undécima tesis sobre Feuerbach: no se trata de

    interpretar el mundo, se trata de transformarlo. Y para ello hay que huir de verdades

    apriorísticas, hay que analizar el contexto y la realidad concreta en la que operamos, independientemente de si ésta coincide o no con el modelo teórico en el que se movían los fundadores de la corriente de pensamiento del materialismo histórico. Se trata por tanto de mantener el marxismo vivo, esto es, cambiante, adaptable, en

    desarrollo. No se trata de dejarlo como estaba y adorarlo en estado momificado. Porque una momia (y hablando del marxismo hay ejemplos concretos muy elocuentes), aunque tenga una apariencia externa más o menos saludable, no deja de ser un muerto con nula capacidad para lo que nos interesa: la transformación radical de la realidad material. Síntesis de Antonio Gramsci

    AntonioGramsci nació en Alés, localidad de la isla de Cerdeña en 1891. Era el cuarto de los siete hijos de Francesco Gramsci y Peppina Marcias. Su infancia fue difícil: su padre fue encarcelado cuando Antonio tenía nueve años, lo que le obligó a abandonar los estudios y pasar a trabajar por una miseria al registro civil de Cerdeña, para ayudar a la supervivencia familiar. A la edad de tres años Antonio había sufrido una caída que le produjo una deformidad en su columna vertebral. Nunca creció más de metro y medio. Puede volver a estudiar tras la salida de la cárcel de su padre. En 1911 viajará a Turín gracias a una beca y se matriculará en la facultad de letras. Impresionado por la guerra de Libia y el ambiente político de las primeras elecciones por sufragio universal se afilia, en 1913, al Partido Socialista, donde coincidirá con militantes como Palmiro Togliatti, Tasca o Terracini. Se dedica a la actividad periodística en Grito do Popolo o Avanti, donde realiza la crítica teatral. En esta época está muy influido por el pensamiento neo-hegeliano y culturalista de Benedetto Croce.

    La Revolución Rusa causa una profunda impresión en el joven Gramsci. En dos artículos, Notas sobre la Revolución Rusa (Grito do Popolo, 29 abril de 1917) y La

    Revolución contra "El Capital" (Avanti, 24 de diciembre de 1917), Gramsci expone su

    visión sobre los acontecimientos que están protagonizando los bolcheviques y muestra que su posición está muy alejada de la postura de la II Internacional y el Partido Socialista, al que todavía pertenece. Los acontecimientos se precipitan y, aunque, tras una serie de detenciones, Gramsci se queda como único redactor de Grito do Popolo,

    decide abandonar esta publicación y fundar, en mayo de 1919, junto con sus camaradas Togliatti, Tasca y Terracini, la revista L’Ordine Nuovo, cuya línea editorial ya es completamente independiente de las posturas de la dirección del partido socialista. El propio Lenin manifiesta que concuerda con las posturas de L’Ordine Nuovo y lo

    recomienda como referencia a los revolucionarios italianos.

    En Enero de 1921 se funda el Partido Comunista de Italia (PCI), culminándose la escisión con los socialistas. Gramsci es miembro junto con Terracini del Comité Central desde el principio. La dirección del partido la ejerce Amadeo Bordiga, con el que Gramsci tiene profundas divergencias. La detención en 1923 de éste, coloca a Antonio Gramsci como máximo dirigente del comunismo italiano. Un año antes, en un Congreso de la III Internacional (en la que Gramsci siempre ocupó destacados puestos) conoce a Julia Schuch, con la que se casa y tendrá dos hijos, Delio y Juliano. En 1924 es elegido diputado. En 1926 sería elegido Secretario General del PCI, dando un giro a la línea de Bordiga y dedicándose a estructurar y preparar la oposición al fascismo de Mussolinni. En octubre de ese año, tomando como excusa un atentado contra el Duce, el gobierno fascista italiano disuelve los partidos de la oposición y elimina los últimos restos de democracia que pudieran quedar. El 8 de noviembre es apresado en su casa. Fue condenado a veinte años por delitos como "incitación al odio

    de clase". El fiscal Michelle Isgró, en conclusión de su requisitoria, declara que ?por

    veinte años debemos impedir a este cerebro funcionar?

    Ya en la cárcel sufre una extraña enfermedad, el morbo de Pott, que le traerá grandes

    sufrimientos. Padecerá además tisis y arteriosclerosis. Aun así, durante su confinamiento redactó su obra magna, los Cuadernos de la Cárcel, que constituyen una de las mayores aportaciones jamás hechas, a pesar de su lenguaje en momentos demasiado oscuro para conseguir evitar la censura carcelaria, al pensamiento revolucionario europeo y mundial. Gramsci morirá el 27 de abril de 1937 en una clínica de Roma. Su cerebro nunca dejó de funcionar.

     Síntesis de los debates en el marxismo

    La irrupción de Marx supuso un cataclismo para el pensamiento político del siglo XIX. El poner de manifiesto el hecho de que, en palabras de Engels en su panegírico ante la tumba de su amigo, "el hombre necesita en primer lugar, comer, beber, tener un techo y

    vestirse antes de poder hacer política, arte, ciencia, religión, etc.", cosa que parece

    obvia a primera vista, hizo tambalear las bases del culto a la Razón y a la Idea que venían del XVIII Ilustrado y que tuvieron su apoteosis con Hegel. La obra de Marx era demasiado innovadora y monumental para ser aprehendida por sus contemporáneos y, aún, para la generación siguiente. Sin embargo el mundo nunca fue el mismo después que Carlos Marx pusiera de manifiesto que la historia de la humanidad no es otra

    cosa que la lucha de los grupos sociales por la apropiación del excedente productivo,

    secreto que está detrás de las relaciones de poder, de la cultura y, en resumen, del conjunto de la organización social y de su desarrollo.

    La II Internacional obrera se constituye en París en 1889, seis años después de la muerte de Marx. Aunque su inspiración y razón de ser es la reivindicación del pensamiento de Marx (sobre todo a partir de 1891, cuando el principal partido de los que la conformaban, el SPD alemán, asume el Programa de Érfurt, de clara inspiración marxista y apadrinado por Engels), cosa que alejó a los partidos socialdemócratas de sus antiguos aliados bakuninistas de la I Internacional, este marxismo era más una declaración de intenciones que un apoyo en unas premisas políticas determinadas, pues la obra de Marx era poco conocida por los dirigentes socialistas y alguna obras fundamentales para la comprensión del marxismo eran inéditas

    Este marxismo revisionista provocará que empiecen a surgir "marxismos" a la medida de cada quién. En 1899 Eduard Bernstein (albacea testamentario de Engels) publica Las

    premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, que será el pistoletazo de

    salida de una corriente política calificada por sus adversarios como revisionismo. Para Bernstein el capitalismo de finales del XIX había evolucionado hasta llegar a una situación donde las crisis económicas eran cada vez más suaves, con lo que la perspectiva de Marx sobre una crisis general que hiciera sucumbir al sistema ya no era válida. Además la organización de los trabajadores había conseguido arrancar a la burguesía una mejora sustancial de sus condiciones de vida, con lo que Bernstein

    abogaba por continuar la línea reformista y de mejora de las condiciones vitales de los

    trabajadores en el capitalismo, dejando de lado la perspectiva revolucionaria de construcción de un nuevo sistema social, que además ya no se veía muy posible frente al nuevo capitalismo. Las posturas de Bernstein fueron minoritarias al principio, pero consiguieron influir en el laborismo inglés por la vía de la Sociedad Fabiana y acabarían siendo asumidas como líneas programáticas de la Internacional Socialista en 1945. Frente a esto la mayoría del SPD y la II Internacional, agrupadas en torno al dirigente alemán Karl Kautsky, le responden con lo que se acabaría llamando "marxismo

    ortodoxo": no sólo el socialismo era posible, sino que la historia desembocaba irremediablemente en él

    En 1859 Marx escribe su Contribución a la crítica de la Economía Política. En el

    famosísimo prólogo de esta obra Marx presenta su metáfora de base y supraestructura. La base de una sociedad serían el conjunto de las relaciones económicas, el modo de producción, donde los sujetos tendrían una situación u otra (o son propietarios de los medios de producción o son trabajadores), lo cual les coloca en una clases social u otra y hace que estén interesados en mantener el modo de producción social o sustituirlo por otro. La supraestructura estaría compuesta por el Estado, la cultura, el derecho, la religión, etc., es decir, todas las relaciones sociales no económicas. La supraestructura justificaría y mantendría la base y surgiría de ella, pero lo relevante serían las relaciones económicas entre las clases sociales. Todo lo demás sería secundario.

    Esta fue la interpretación que le dio el "marxismo ortodoxo" al Prólogo a la

    Contribución a la crítica de la Economía Política.Antonio Gramsci tendrá mucho que

    oponer a esta postura, que adolece de economicismo. Se desprecian las relaciones

    sociales que escapen del ámbito directamente económico.

    Esta visión economicista se vio confirmada para Kautsky por La subversión de la

    ciencia de Eugene Dühring (conocido como Anti-Dühring), publicado por Engels en 1878. Aquí, de nuevo se vuelve a hacer hincapié en que las relaciones económicas,

    como motor de las relaciones sociales, dejando en un segundo término (aunque nunca negando su influencia en lo real, si se lee bien la obra) el poder político y la violencia, elementos que para Dühring (quizás el último representante del socialismo utópico) son los determinantes esenciales y, en última instancia, los que acabarán definiendo las relaciones económicas. No hay que olvidar que Engels escribe esta obra en respuesta a las reflexiones de Dühring, que empezaban a tener una basta influencia en el SPD y a alejarlo de la clase obrera y sus condiciones reales de vida. Quizás esto hizo que Engels volcara demasiado la balanza hacia la economía; Engels siempre tiene una postura con un matiz más economicista, más determinista, como se verá en la Dialéctica de la Naturaleza, que Marx.

    Siguiendo estas premisas economicistas (hay que señalar que Bernstein tampoco se movió un ápice del economicismo, suavización de las crisis económicas) Kautsky se fija en la estructura económica del capitalismo. La expansión de las relaciones capitalistas y la dinámica de concentración del capital hacen que el proletariado sea cada vez más numeroso y esté situado en instalaciones fabriles más grandes, lo que facilita su organización. El capitalismo llevará al socialismo, generando, en palabras de Marx en El Manifiesto Comunista, a su sepulturero: la clase obrera. Kautsky plantea esperar, organizar a los proletarios hasta el momento que, una vez conseguida la reivindicación de sufragio universal, se llegue al poder por la vía electoral y se proceda a la expropiación de los capitalistas. Si sólo nos fijamos en la economía, todo estaba hecho. El revolucionario sólo tenía que esperar a que la historia pusiera a cada uno en su lugar. Esta postura, pese a ser, mayoritaria en la Internacional, encontró resistencias desde lo que se empezó a llamar el "marxismo revolucionario", es decir, aquellos sectores del

    pensamiento socialista que rechazaban tanto la presunta inmortalidad del capitalismo como la posibilidad de derribarlo sin un estallido revolucionario. En estas posiciones encontramos (con matices e incluso confrontaciones entre ellos) a la germano-polaca Rosa Luxemburg, que postulaba que el capitalismo no podía subsistir como único sistema mundial y que, caso de no realizarse la revolución proletaria, tendría un final objetivo que desembocaría en una era de barbarie.

    Lenin, que sería máximo dirigente de la primera revolución socialista triunfante de la historia tiene, al principio de su trayectoria, unas posiciones políticas muy cercanas a lo planteado por Kautsky, debido sobre todo a la influencia del pensador ruso Plejanov, uno de los pioneros en la introducción del marxismo en el imperio de los zares. Sin embargo, después de empezar a analizar la realidad concreta de su país empiezan a planteársele dudas con respecto al esquema cerrado y simplista de Kautsky. Lenin partió de las posturas económicas de Rudolf Hilferding, dirigente revisionista alemán, seguidor en lo político de Bernstein. El capitalismo mercantil (que es al que Marx se enfrenta en sus análisis) habría evolucionado por dinámicas de concentración. hacia un capitalismo monopolista, de grandes empresas con un poder de mercado enorme. Simultáneamente los beneficios empresariales se habrían reducido debido a la caída tendencial de la tasa de ganancia (para Lenin, la ley fundamental de la Economía

    Política), descrita por Marx. Esta ley afirma que según aumenta la inversión en capital productivo cada unidad adicional invertida da una menor rentabilidad. La causa de esto es que, en los ciclos de reproducción del capital, el capital constante (lo invertido en

    maquinaria, materias primas, etc.) crece en mayor medida que el capital variable (lo

    que se dedica a contratar obreros), siendo este último el único capital del que se saca la ganancia a través de la extracción de plusvalía a la mano de obra.

    Esto último hacía que el capital tuviera que buscar otros lugares para invertir, donde el capitalismo estuviera menos desarrollado y, al haber mucho menos capital invertido, la ganancia obtenida como retorno fuera mayor. Esta sería la explicación económica del imperialismo depredador existente en la segunda mitad, y sobre todo en los últimos años del XIX y que acabaría en la I Guerra Mundial.

    Para Lenin las consecuencias de este nuevo capitalismo imperialista (capitalismo parasitario o capitalismo agonizante) para la praxis revolucionaria eran esenciales. En primer lugar, el hecho de que la búsqueda de beneficios se hubiera redireccionado hacia las colonias había provocado, junto con el mayor nivel de organización y lucha de los trabajadores, que en los países del centro las condiciones de vida de la clase trabajadora tuviera una cierta mejora, constituyéndose una suerte de "aristocracia obrera" cuyo impulso revolucionario estaría prácticamente diluido y constituirían la base social natural del reformismo. Esto es una primera ruptura con el determinismo economicista de Kautsky.

    En segundo lugar e interconectado con esto, Lenin ve más factible la toma del poder por parte de las fuerzas revolucionarias y la subsiguiente construcción del socialismo en un país que no hubiera alcanzado un alto nivel de desarrollo capitalista (como era el caso de Rusia, que es lo que él analiza) que en un Estado del centro capitalista (Alemania o Inglaterra), pensaba que la cadena imperialista se rompería primero por un "eslabón débil". Esto le parecía un anatema a la ortodoxia kautskiana. En un país como Rusia, con un proletariado poco numeroso y mal organizado ?cómo se iba a construir el socialismo o plantearse meramente la toma del poder en ausencia del proletariado, la clase cuya misión histórica es justamente esa? Lenin contestaba que había que buscar una alianza entre el proletariado industrial de las grandes ciudades y los campesinos. Esta alianza constituiría una mayoría social capaz de derribar los pilares del imperio zarista, tarea que además, la débil burguesía rusa no estaba en condiciones de acometer. Esto, desde la perspectiva de Kautsky era imposible. El campesinado era una clase arcaica, propia del feudalismo, interesada en la propiedad de la tierra y no en la construcción de una sociedad sin clases ni Estado. En Rusia no se podía construir el socialismo (poco importa que el propio Marx tuviera al final de su vida alguna manifestación sobre lo el país de los zares indicando que se daban unas condiciones que podían ser propicias para un proyecto emancipador).

    Los propios socialistas rusos tampoco las tenían todas consigo con respecto a lo que planteaba Lenin. El POSDR (Partido Obrero Social Demócrata Ruso) se dividió en su congreso de 1903 celebrado en Bruselas y Londres entre los que apoyaban a Lenin, los bolcheviques (que significa hombres de la mayoría) y los mencheviques (hombres de la minoría). Estos últimos, instalados en la ortodoxia de la II Internacional, planteaban que los socialistas debían, en un país atrasado como el imperio de los zares, apoyar la revolución burguesa y dejar que ésta, con el tiempo, desarrollara el capitalismo, lo cual llevaría, lenta y tranquilamente, al crecimiento numérico y organizativo del proletariado, que es la garantía de la llegada al poder (por la vía electoral, si seguimos a Kautsky) de las fuerzas revolucionarias. Lenin apostaba, por ganarse a los campesinos y establecer la dictadura democrática de proletariado como alternativa al sistema zarista en Rusia (las

    discordias entre bolcheviques y mencheviques tocaron otros puntos, como la estructura partidaria o el derecho de autodeterminación de los pueblos).

    Hubo, en este proceso un tercer grupo, muy minoritario en ese momento, pero que es imperativo destacar por su influencia posterior. Se trata de Lev Davidovich Bronstein, Trotsky, y sus seguidores. Trotsky compartía con los bolcheviques su recelo ante la vía reformistas, electoralista y de dejar actuar a la burguesía de los mencheviques y defendía con Lenin la revolución. Trotsky, por otro lado, coincidía con lo mencheviques en la necesidad de un proletariado fuerte y estructurado (que no existía en Rusia) para plantearse siquiera la construcción del socialismo. Sin embargo no abogaba por esperar a que la burguesía llevara a cabo su presunta "tarea histórica". Adoptó y perfeccionó la teoría del socialista bielorruso aficando en Alemania, Alexander Parvus (pseudónimo de Alexander Israel Lazarevich Gelfant): La Revolución Permanente. Según esto, el

    proletariado de un Estado con capitalismo no desarrollado, como Rusia, podía, apoyándose en el campesinado en un principio, dar el impulso inicial al proceso revolucionario, pero para que éste se mantuviera en el tiempo era necesaria la internacionalización inmediata de la revolución y la entrada en escena de los proletarios de los países del centro, verdadera clase revolucionaria y socialista. En última instancia tenía el mismo esquema que Kautsky, sólo que miraba el parámetro de maduración necesaria del capitalismo a nivel internacional y no estatal.

    Estas discusiones estuvieron, como es sabido, lejos de quedarse en disputas bizantinas entre pensadores diletantes. Las revoluciones rusas (1905 y febrero y octubre, por el calendario oriental, de 1917) acabaron dando la razón, al menos a priori a Lenin. A finales de 1917, los soviets, consejos de obreros y campesinos, acababan sustituyendo a las instituciones burguesas de febrero como órganos máximos de poder en el imperio zarista. El congreso de los soviets, mayoritariamente bolcheviques, acuerda la disolución del gobierno liberal de Kerensky, culminada con la toma del Palacio de Invierno de Petrogrado, sede del gobierno. El nuevo órgano ejecutivo es el Consejo de

    Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin. La alianza entre obreros y campesinos es el pilar fundamental del nuevo estado soviético, plasmado incluso en el nuevo escudo del país, la hoz (campesina) y el martillo (proletario).