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PRIMERA PARTE

By Lawrence Turner,2014-04-16 13:00
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PRIMERA PARTE

    PRIMERA PARTE

    El latín Vulgar: nociones generales.

    I/ Latín Vulgar y Lengua Latina

     El término latín vulgar siempre ha servido para designar los diversos fenómenos latinos que no están de acuerdo con las normas clásicas. Sin embargo algunos latinistas

    han afirmado que el término “vulgar” se presta a equívocos, ya que representa

    exclusivamente al habla inculta; otros dicen que la expresión “ latín vulgar” no se

    corresponde en modo alguno con la realidad lingüística, e intentan reemplazarla por

    términos que consideran más precisos como latín popular, latín familiar o latín

    cotidiano.

     Desde principios de siglo, los romanistas ya no oponen latín vulgar y latín

    clásico como dos idiomas diferentes, para ellos el latín es una transición entre dos

    estados idiomáticos, el indo-europeo y el romance. Las distintas variedades del romance

    representan los dialectos medievales y modernos del latín.

     El latín literario parece haber conservado una estructura general durante casi ocho siglos sucesivos, pero esta relativa estabilidad de la lengua escrita ha sido una

    máscara para los numerosos cambios y transformaciones que ha sufrido la lengua

    hablada.

     El latín vulgar comprende los estados sucesivos desde la fijación de un latín, llamado latín común, en época arcaica hasta la aparición de textos escritos en lengua

    romance.

II/ El Latín a la conquista del mundo

     La historia del latín se ha desarrollado en dos tiempos: primero bajo el signo de

    una gran unificación ( romanización ) y después bajo la disgregación ( caída del Imperio

    de Occidente, de su civilización y su dislocación lingüística ).

A/ La expansión romana.

     Cuando los romanos aparecen en la historia, Italia era un combinado de razas;

    Roma era una aldea situada en el corazón del Lacio y gozaba de una posición

    privilegiada con unas grandes posibilidades defensivas. Una vez expulsado el último rey

    etrusco, Tarquinio el Soberbio, establecida una constitución republicana y confederadas

    las tribus latinas, Roma tendía a convertirse en la metrópoli del Lacio y en el centro de

    irradiación de la península. Gracias a las armas y a los tratados y alianzas sometió a los

    pueblos vecinos y dominó a los Etruscos y a los Samnitas.

     El año 275 señala el fin del primer periodo de la expansión romana, que cubre

    toda la península, exceptuando la cuenca del Po. Tras esta fecha surge una gran potencia

    rival, Cartago, que tras las guerras púnicas o fenicias concede a Roma la supremacía

    sobre el Mediterráneo.

     La primera guerra púnica (269-241) se concluyó con la institución de la primera

    provincia romana, Sicilia, seguida de las de Córcega y Cerdeña. Aníbal partió para Italia

    con el deseo de vengarse, pero fue definitivamente derrotado en África por Escipión ( segunda guerra púnica, 218-201). El poder de Roma se extendió por toda la cuenca occidental del Mediterráneo estableciendo nuevas provincias; Hispania, en el 197;

    Illyricum en el 167; Africa y Achaia en el 146; Asia ( Asia Menor ) en el 129; Gallia

    Narbonensis en el 118; etc... .

     El Imperio romano se mantuvo al precio de pesadas guerras bajo los Antoninos

    (96-192), que conquistaron Dacia. Un siglo después Roma comienza a vislumbrar su

    ocaso, esta gran potencia empieza a resquebrajarse debido a la anarquía militar, al nefasto reinado de emperadores extranjeros y desnaturalizados, y debido también a las primeras invasiones bárbaras. Constantino se hace defensor del cristianismo y transfiere la sede del Imperio a Bizancio, que más tarde tomó el nombre de Constantinopla. Con Teodosio la fe cristiana se convierte en la religión del Estado, y a la muerte de Teodosio I, el Imperio queda dividido entre sus hijos: Arcadio (Oriente) y Honorio (Occidente).

B/ La romanización

     La romanización, asimilación espiritual y lingüística de los diversos pueblos

    sometidos, no se llevó a cabo en todas partes del mismo modo; en Italia el proceso fue rápido y profundo debido a las afinidades étnicas y lingüísticas de los habitantes. En Occidente, Hispania y las Galias vieron crecer grandes centros romanos, como Cordoba, Lion, Reims, Burdeos, Tolosa, Arlés y Orleans. La romanización en las provincias

    periféricas fue generalmente más débil.

     La lengua latina se impuso a los pueblos vencidos no por la violencia, sino por el prestigio de los vencedores. Esta lengua servía de instrumento de comunicación entre los autóctonos y los romanos, convirtiéndose en señal exterior de la comunidad romana y en vehículo de la cultura greco-romana y más tarde del cristianismo. Con el tiempo se extendió el derecho de ciudadanía a todas las personas del Imperio inculcando a éstas hacia una especie de nacionalismo, todo el mundo se había hecho romano. El nombre de Romani acabó por comprender a todos los pueblos del Imperio.

C/ Elaboración del latín común y literario

     En concurrencia con el griego, el latín se convirtió en la segunda lengua mundial. El latín era una lengua que parecía estar construida de bloques ciclópeos, se prestaba poco a la derivación y a la composición; las nociones de orden espiritual se expresaban por circunloquios y se distinguía por sus giros incisivos. Tales características las compartía sin duda con otras hablas itálicas. El latín es por tanto el resultado de una fusión de elementos rústicos y extranjeros con el fondo indígena y urbano.

     El contacto con la civilización helénica fue de una gran importancia tanto para el nivel de vida como para la lengua de los Romanos; desde un principio se habían dejado seducir por la filosofía y las ciencia que cultivaba Grecia. Atenas se convirtió en una gran escuela para patricios romanos y Roma atraía a gran cantidad de retores,

    gramáticos, artistas y artesanos griegos.

     Los Calcadios de Cumas y de Sicilia transmitieron a los Romanos el alfabeto

    griego, que adaptaron a la fonética de su lengua. El elemento griego penetró en la

    lengua de todos los medios sociales de Roma. Los prestamos griegos, abundantes desde

    los orígenes de la literatura romana, denuncian la diversidad de las vías de acceso, los

    más antiguos se usaban en la lengua de cada día y fueron transmitidos por el pueblo. Se

    transcribieron gran cantidad de palabras del griego y se produjo el calco de muchas de

    ellas.

III/ Las “ Edades” del Latín

    A/ Latín Arcaico (desde los orígenes hasta fines del siglo II a.C)

     Fuentes: Inscripciones grabadas, fragmentos de cantos rituales y de fórmulas

    legales, actas oficiales, comienzos de la poesía (Livio Andronico y Nevio). La

    inscripción más antigua es la de la fíbula de Preneste (año 600). Destacan los epitafios

    de los Escipiones de entre los monumentos epigráficos más importantes.

    B/ Latín Preclásico (desde finales del siglo II a la mitad del siglo I a.C)

     La lengua literaria se libera de arcaísmos y se unifica. Autores de este periodo

    son Ennio (primer poeta original), Plauto y Terencio, Lucrecio y Catulo (dos grandes

    poetas), etc...

C/ Latín Clásico: “ Edad de Oro” (desde la mitad del siglo I a.C hasta la muerte de

    Augusto)

     Gran apogeo de las letras romanas, que coincide con el auge de la política

    romana. La retórica y la filosofía están personificadas por Cicerón; la historia está

    representada por César, Salustio y Tito Livio; destaca Virgilio en poesía épica; etc... .

D/ Latín Postclásico: “ Edad de Plata” (desde la muerte de Augusto has el año 200)

     Es el barroco de la literatura latina, caracterizado por la afectación del estilo y la

    aceptación de elementos populares y arcaicos: Destacan Tácito, Séneca el Filósofo,

    Plinio el Joven, Marcial, Juvenal, Quintiliano y Apuleyo.

E/ Latín Tardío: “ Bajo Latín “ ( desde alrededor del 200 hasta la llegada de las lenguas

    romances)

     Este período nos lleva hasta el final de la latinidad propiamente dicha; pero este

    proceso de disgregación del latín no se ha efectuado sin reacción y hasta retorno a los

    modelos clásicos: Lactancio (comienzos del siglo IV), es considerado el “ Cicerón

    cristiano”; el filosofo Boecio (primera mitad del siglo IV). Más tenaz es la influencia de la retórica llevada al manierismo: Amiano Marcelino( siglo IV), Claudiano (hacia el

    400). Por su parte los autores eclesiásticos desaprueban la normas clásicas y “paganas”;

    Tertuliano, San Agustín, San Jerónimo, etc...

     En general, el nivel literario y gramatical de todo lo que se escribe en bajo latín

    va descendiendo paulatinamente y sin pausa desde el siglo IV hasta la reforma

    carolingia en el siglo VIII: obras edificantes, históricas, e instructivas, textos de leyes,

    de ordenanzas y de actas son redactados en un latín más o menos bárbaro. La reforma

    del latín, patrimonio de la iglesia y de los cultos, coincide con la génesis de un nuevo

    idioma, el romance, es decir, la toma de conciencia de una lengua hablada, que es

    diferente del latín litúrgico o de los documentos. En el año 813, el Concilio de Tours

    afirma la existencia de una rustica Romana lingua.

IV/ Fuentes del Latín Vulgar

     La literatura romana utilizaba un “latín de lujo”, una lengua con un gran refuerzo

    de figuras oratorias, de períodos sabiamente combinados y de cláusulas métricas

    destinadas a contribuir a la armonía. Hay que decir que en estas obras el Romano como

    tal no aparecía por ninguna parte; aparece en el Satiricón de Petronio, o en algunas escenas de Horacio o de Marcial tomadas de la vida cotidiana. Encontramos

    “vulgarismos” que se transparentan a través de la lengua literaria de los monumentos

    escritos. Las lenguas románicas u otras lenguas modernas pueden constituir también una

    fuente indirecta del latín vulgar.

     A/ Gramáticos latinos: son una serie de puristas que señalan las pronunciaciones

    o formas deficientes, o tenidas por tales. Apio Claudio (300), Virgilio Marón de Tolosa

    (siglo VIII), Pablo Diácono (740-801). Tenemos el Appendix Probi, es un sílabo del género que cataloga y corrige 227 palabras y fórmulas tenidas por incorrectas.

     B/ Glosarios latinos: son vocabularios rudimentarios, generalmente monolingües,

    que traducen palabras y giros considerados como ajenos al uso de la época por

    expresiones más corrientes. Tenemos el glosario de Verrius Flaccus, De verborum significatione; Isidoro de Sevilla, Origenes sive etymologiae; las Gloses de Reichenau ;

    las Gloses de Kassel; las Glosas Emilianenses y las Glosas de Silos.

     C/ Inscripciones latinas: hay varios tipos de inscripciones; por una parte tenemos

    las inscripciones grabadas, que son formas más o menos estereotipadas; por otro lado

    tenemos las inscripciones pintadas, que son proclamas públicas, anuncios privados,

    sobre todo en Pompeya; y por último tenemos las inscripciones trazadas con punzón.

     D/ Autores latinos antiguos, clásicos y de la “edad de plata”: mantenemos el epistolario de Cicerón; en el caso de la comedia antigua, tenemos a Plauto; Horacio,

    Juvenal, Persio y Marcial; ocupa lugar aparte la célebre novela “picaresca” de Petronio.

     E/ Tratados técnicos: tenemos el tratado de arquitectura de M. Vitrubio Polión;

    tratados de agricultura, de Catón el Viejo, Varrón y Colmuela; Mulomedicina Chironis,

    un tratado de veterinaria; De re coquinaria, de Apicius, y algunos más.

     F/ Historias y crónicas a partir del siglo VI: obras toscas sin pretensiones literarias, redactadas en un latín entreverado de vulgarismos y reminiscencias clásicas;

    Historia Francorum, de Gregorio, obispo de Tours; Chronicarum libri IV, de Fregedarius y el Liber historiae Francorum, anónimo.

     G/ Leyes, diplomas, cartas y formularios: la lengua de estos textos mezcla

    elementos populares y reminiscencias literarias o pasadas de moda.

     H/ Autores cristianos: los primeros cristianos rechazaron decididamente el

    exclusivismo y el normativismo del latín culto y literario. San Agustín ha hecho uso

    abundante de los artificios de la vieja retórica; San Jerónimo dará una vestidura más

    literaria a los sagrados textos; los himnos de la alta Edad Media proporcionan datos

    importantes para la pronunciación del latín en la baja época; es muy importante la

    Peregrinatio, y demás escritos religiosos del mismo período.

     I/ Reconstrucción del latín vulgar por el estudio comparado de las lenguas

    románicas: la gramática comparada de los idiomas románicos es la que revela las

    principales transformaciones sufridas por el latín hablado. Tiene como principio que un

    elemento protorrománico restituido debía formar parte del latín real cuando este

    elemento es:

    - Exigido por todas las lenguas románicas o por la mayoría de ellas. - Exigido por un grupo lenguas geográficamente unidas.

V/ De la unidad latina a la diversidad románica

     Las lenguas románicas no son otra cosa que el latín evolucionado y ramificado, y el carácter de todo lo romano es la unidad, una unidad sutil que sabe escapar de todo

    esquematismo rígido, por esto las lenguas románicas descansan sobre un “latín vulgar”,

    cuya estructura general es, a grandes rasgos, por todas partes la misma. La lengua latina

    y su norma eran relativamente muy simples por el hecho de no estar la lengua dividida

    en dialectos, como lo estaba el griego. A partir de San Jerónimo hallamos alusiones a

    una división dialectal, pero no sabemos si estas diferencias puedan calificarse de

    dialectales. Pero es cierto que los textos de la época Imperial y sobre todo los de la alta

    Edad Media no dejan de proporcionarnos algunos rasgos que pueden calificarse como

    verdaderos regionalismos. Lo que caracteriza a estos textos es el paralelismo de las

    particularidades regionales destinadas a sobrevivir en romance y numerosas de estas

    particularidades que, lógicamente, deberían pertenecer como propias a un área

    determinada y más bien restringida, se encuentran esparcidas en regiones más vastas o

    distintas de las que las han conservado en romance.

     Los estudios dirigidos a la lengua de las inscripciones y de las cartas latinas

    provenientes de diferentes provincias han permitido llegar a la conclusión de que el latín

    “vulgar” aparece en ellas siempre como el mismo. Sucede que una lengua hablada en

    una extensión tan grande y por tan heterogéneas poblaciones como lo era el latín en la

    época imperial, no puede tardar mucho en disgregarse según los lugares y según los

    medios sociales al mismo tiempo. Los textos tardíos representan un latín de

    comunicación, una lengua superpuesta a las hablas populares, diferenciadas sin duda, ya

    que la lengua escrita ha podido guardar una cierta coherencia gracias al sentimiento de

    comunidad romana que sobrevivía en el Imperio.

     En lo que se refiere a las causas de la variación local, se admiten en principio

    tres clases de factores: étnicos, sociales, y cronológicos. Por factores étnicos se entiende

    la acción que ejerce sobre una lengua un pueblo o una comunidad lingüística

    diferenciada (los soldados y los colonos romanos han transplantado a las provincias un

    latín fuertemente contaminado por elementos itálicos y los poseedores del idioma que

    han adoptado esa lengua de más prestigio, dejan sobre ésta algunas huellas, llamadas

    sustrato). Desde el punto de vista social, el latín ha conocido desde el período antiguo

    variedades de formas, de construcciones y, sobre todo, de pronunciaciones que permiten

    clasificar al sujeto que habla por razón de su condición social. En lo que respecta los

    factores cronológicos o evolutivos, el latín no ha cesado de evolucionar; las provincias

    romanizadas guardaron rasgos relativamente arcaicos del latín (primeras provincias

    romanizadas), así se explica el cierto conservadurismo del léxico ibero-romance y sardo.

     Hablando de la tesis unitaria y la tesis que afirma que el latín ha comenzado a

    diferenciarse bien pronto según las regiones; hay que decir que estas dos tesis no son tan

    opuestas e inconciliables como pueden parecer. Es un hecho innegable la unidad del

    latín postclásico y tardío en sus grandes líneas, al menos en su forma escrita, pero hay

    una tendencia antigua y absolutamente natural a diferenciar localmente un latín vulgar,

    pero hay que tener en cuenta que esta diferenciación no debía ir muy lejos.

    SEGUNDA PARTE

    Los sonidos.

    I/ Duración, timbre y acento

     Estos tres aspectos fonéticos han sufrido, del latín al romance, un cambio radical.

    En latín toda vocal simple tenía dos duraciones, breve y larga, y la cantidad vocálica era

    un elemento con valor diferenciador ( o fonológico). En romance por el contrario, las

    vocales acentuadas no se distinguían de ordinario más que por el timbre.

     La oposición cuantitativa acompañada por diferencias de timbre, se ha ido

    resquebrajando y ha terminado por ceder su puesto a la oposición cualitativa. La

    transformación del timbre en duración como elemento diferenciador es el cambio más

    importante que se ha producido en el fonetismo del latín. Es evidente que el

    resquebrajamiento de las cantidades vocálicas no se ha producido súbitamente ni al

    mismo tiempo en todas partes y en todas las capas sociales. En la poesía medieval se

    continúan, en conjunto, observando las antiguas cantidades, sobre todo en el tiempo

    fuerte, pero poco a poco se irá introduciendo el nuevo ritmo cualitativo. Los primeros

    indicios de la desaparición del ritmo cuantitativo se vislumbran en Pompeya.

     El acento tónico: En época preliteraria, el latín ha conocido una intensidad inicial que ha dado por resultado el debilitamiento y hasta la pérdida de la vocal

    postónica. Desde el comienzo del período literario, el acento era ya musical, consistía en

    una subida de la voz, y su lugar se fijaba con relación a la penúltima, según que ésta

    fuera larga o breve. Las bisílabas estaban acentuadas en la primera sílaba, sin embargo,

    una partícula enclítica podía unirse con una palabra precedente de manera que

    provocase el desplazamiento del acento. A continuación de un apócope, el acento podía

    recaer sobre la sílaba final. Las palabras de cuatro o más sílabas llevaban un acento

    secundario o contratónico. En latín tardío ha habido tendencia a trasladar el acento al

    radical de los verbos compuestos.

     Paralelamente a la desaparición de la cantidad vocálica, el acento latino se hace

    dinámico o de intensidad. Las vocales átonas sufren una nueva reducción y tienden a ser

    suprimidas. Las palabras recibidas del griego, que en época antigua y clásica adoptan la

    acentuación latina, conservan ocasionalmente el acento extranjero, sobre todo en la

    terminología técnica y eclesiástica de baja época.

     Del modo que haya sido la evolución del acento en su recorrido del latín al

    romance, su lugar no ha cambiado, y esta estabilidad es un hecho capital. La sílaba que

    en latín estaba acentuada sigue siendo la cumbre rítmica de la palabra romance. Se

    observan algunos casos en que el acento si sufre un desplazamiento, son debidos a

    causas de orden fisiológicos o psicológicos.

     A/ El grupo oclusiva + r no constituye normalmente traba alguna. La penúltima con vocal breve seguida de grupo oclusivo + r ha atraído sobre ella el acento en

    palabras como integrum y tenebrae.

     B/ Las vocales i y e en hiato dejan de estar acentuadas en beneficio de la vocal subsiguiente, que, más abierta atrae el acento sobre sí, y, como consecuencia de este

    desplazamiento del acento, se cierran, se consonifican o se relajan.

     C/ Cuando el acento se halla sobre el prefijo de un verbo compuesto, se traslada

    al radical por analogía con el verbo simple. Es el caso de los presentes como récipit e

    ímplicat.

II/ Vocales simples

     La a (breve o larga) no sufre ningún cambio espontáneo. En caso de átona

    delante de r , hay vacilación entre -ar- y -er-, siendo e el resultado normal de la

    apofonía. Mientras que los casos intempestivos de -ar- son provocados por la acción

    abridora de la r sobre la vocal precedente.

     Cambio del grupo ie por ia en la baja época.

     Las vocales e y o (largas) eran relativamente cerradas con relación a e y o

    (breves). Sin embargo las grafías i por e (larga), u por o (larga) son raras antes de época

    tardía pero en época merovingia son bastantes frecuentes.

     En las vocales i y u (breves), de numerosas y antiguas grafías e y o se deduce una tendencia a la apertura. La grafía e por i (breve) aparece en Pompeya en la tónica

    veces= vices. Se encuentran también en Pompeya una multitud de desinencias verbales

    es, -et, por is , -it. El cambio u (breve) por o, salvo en final de palabra, está muy poco

    documentado.

     En inicial protónica ha habido tendencia a debilitar e en i, o en u.

     Cambio de i (breve) en u (breve):se encuentra en muchos dobletes antiguos

    como maxumus, maximus; se encuentra u apofónica en contradicción con el uso literario.

     La vocal ü en latín es extraña. Es la ypsilón de los antiguos prestamos griegos y

    se traducía por u. En la época imperial era de buen tono articular la y en las palabras reconocidas como griegas.

III/ Diptongos

     Al comienzo de la tradición escrita, poseía el latín cinco diptongos: ou, oi, ei, ai, au. Los tres primeros fueron monoptongados hacia la segunda mitad del siglo III: ei en i (larga), ou en u (larga), oi asimismo en u (larga), salvo después de oclusiva y espirante

    labial cuando la sílaba siguiente no contenía una i; en este caso oi se queda en la fase oe. Paralelamente al cambio oi>oe, el diptongo ai pasaba a ae. Pero ae y oe no han tardado en ser monoptongados por su parte: ae en e (larga) y oi-oe en e (larga) pero posterior a la de ai-ae.

     El más resistente de los diptongos latinos es au, que ha persistido hasta el

    romance; se ha conservado en rumano, en italiano meridional, en reto-romance y en

    antiguo provenzal; mientras que en portugués ha detenido su evolución en el estadio ou u oi. En español, en italiano del Norte y en francés, la culminación de au en o es tardía e independiente en cada lengua. En umbro y en otras hablas vecinas del Lacio, la

    monoptongación de au en o se había realizado muy pronto infiltrándose en Roma como

    provincialismo.

     En sílaba inicial se produce una reducción de au a a cuando la sílaba siguiente contiene una u. Cronológicamente tenemos el primer ejemplo en Pompeya: Agusto por Augustus.

     Un diptongo secundario au es debido a la pérdida de una consonante labial. En

    aus.

IV/ La síncopa

     La síncopa, pérdida de una vocal breve interior entre consonantes, es un

    accidente que atañe a la economía fónica de las palabras haciéndoles perder una sílaba:

    así una proparoxítona se convierte en una paroxítona. Es un efecto de la intensidad

    relativamente fuerte proporcionada por la articulación de una de las sílabas vecinas.

     Son especialmente favorables para la síncopa algunas condiciones fónicas: una

    de ellas es la contigüidad de la vocal interior con una sonante, r,l,m, o n. Si nos guiamos

    por las lenguas románicas, la vocal átona ha desaparecido entre las consonantes r-m, r-d,

    l-d, l-p. Las vocales cerradas i, e, u, están más sujetas a desaparición que o y sobre todo

    a. La síncopa puede ser contrarrestada por efecto de una analogía o de una

    recomposición.

     La síncopa es un fenómeno de aspecto eminentemente popular o familiar. Este

    fenómeno está determinado en su origen por una manera de hablar relativamente rápida

    y descuidada propia de la lengua hablada. Se pueden producir síncopas en los siguientes

    casos:

     -Entre oclusiva, fuera de c o b, y l

     -Entre l, r, y oclusiva ( y viceversa)

     -Entre fricativa y consonante

     -Entre g y d, t y c

     -Entre w y t o c

V/ El hiato

     Es el encuentro de dos vocales pertenecientes a dos sílabas sucesivas en el

    interior de una palabra, viene a turbar la norma silábica en el sentido de que falta, entre

    dos sonidos de gran apertura, un elemento de poca apertura (consonante).

     Cuando las dos vocales consecutivas tienen el mismo timbre o timbres muy

    cercanos, tienden a contraerse en una vocal larga con el timbre de las vocales en

    cuestión, o con el de una de ellas.

     Si las vocales en hiato son de timbres demasiado diferentes para poder

    contraerse, la solución más natural desde el punto de vista fisiológico es intercalar entre

    ellas una consonante transitoria, del tipo y o w, según la naturaleza de las vocales en contacto.

     Delante de una vocal más abierta, i y e tienden a cerrarse para resultar de una y otra paso de e por i una y.

     El paso de i, e en hiato al grado y está asegurado por el romance común.

     En hiato u y o experimentan un desarrollo parecido, es decir que se cierran en la

    semivocal u.

     Cuando la consonificación de i, e, u, en hiato estaba contrarrestada por la consonancia precedente, estas vocales podían ser suprimidas.

     En la postónica desaparecía u delante de u, o: cardus= carduus.

     En posición acentuada, se cierran generalmente la i, la e, y la u.

VI Prótesis y aféresis

     El desarrollo de una vocal adventicia llamada protética i-, más tarde e-, delante del grupo inicial s ( y z en las palabras griegas) + consonante, es un procedimiento

    eufónico que brota de la fonética sintáctica.

VII Apócope

     El apócope, o supresión de una vocal o de la porción final de una palabra, es

    debida, como la síncopa, a la manera de hablar más o menos rápida y desenvuelta que

    afecta, sobre todo, a las palabras accesorias.

    Juan José Redondo Calle

    4º Filología Clásica

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